El universo del sector editorial está ante un giro copernicano. La producción editorial se ha convertido en los últimos años en una pescadilla que se muerde la cola: hay demasiados títulos con periodos de vida excesivamente cortos que ni siquiera llegan al usuario final, necesidad de reducir las tiradas, costos excesivos en distribución y comercialización, etc.

Proyectos como el de Lulu o Publidisa han revolucionado el sistema de producción,  o nuevas plataformas editoriales como Bubok prometen abrir nuevas vías y posibilidades en el sector. Ante estos proyectos, y sin dejar de darle importancia a las nuevas tecnologías, nuevos soportes y nuevos formatos; y a lo que la publicación personalizada y la impresión digital van a cambiar la concepción de todo el sector de las editoriales, me parece fundamental no olvidarnos de la figura del editor.

 Pero será este un neoeditor, alguien que dialogue en la web 2.0, alguien que preste atención a las tendencias y que conozca perfectamente las redes sociales. Ya no es un editor en un pedestal, el neoeditor es el acelerador enzimático que produce la reacción química, es el punto de la red que apoya y favorece el eclipse que se produce cuando autor y lector llegan a establecer un diálogo.

Congreso Internacional de Edición Universitaria: nuevas tecnologÃas en el sector editorial

Este era uno de los temas fundamentales a tratar en el Congreso Internacional de Edición Universitaria, que concluyó ayer en Barcelona. No he podido asistir, pero me encantaría saber qué se comentó y si hubo debate (la fuente de la imagen es el Blog de los universitarios). Yo creo que la clave del futuro del libro está en los nuevos sistemas de producción, como en cualquier otra revolución.

Por otra parte me gustaría apuntar algo de lo que hablaré más ampliamente otro día. Me gustaría recordar las clásicas dicotomías (en honor de mis clases de Teoría de la Literatura) que surgen del prodesse/delectare horaciano: aprovechamiento/disfrute, educación/ocio, cultura/mercado… Puede que otra de las claves de la producción editorial esté precisamente en la diferenciación de los procesos según el contenido sea de uno u otro tipo. 

Una respuesta a “Nuevas tecnologías en el Sector Editorial: Producción, Distribución y “neoeditores””

  1. Alberto Dijo:

    A mí lo que me resulta realmente curioso es que hasta hace bien poco la alta cultura y la cultura popular siempre han ido de la mano. El mismo Horacio en sus poemas mezcla ambos conceptos, en El Quijote podemos pasar de las escenas más gruesas a las más delicadas, y Mozart, que es quizás la cima de la cultura europea, gustaba de los chistes más escatológicos.
    En el siglo XVIII comienzan a alejarse ambos conceptos hasta nuestros días donde aparecen como antagónicos, o al menos eso parece. Antes del Romanticismo no existía en el mundo estético la figura del snob, y este concepto viene de la época romana, significa sin nobleza y con ello se aludía a los libertos emancipados, creo (lo leí en un libro de Ortega y Gasset). Con la ausencia de la diferenciación de clases los “snobs” pretenden diferenciarse del resto de sus iguales adoptando una pose estética, “aristocrática” si se quiere, que a mí particularmente siempre me ha resultado ridícula. En la visión burguesa todo lo que huele a popular es rechazado sin miramientos (lo escatológico simplemente es eliminado de esa visión, hasta el punto de que parece que no exista). Ortega y Gasset decía que una peculiaridad de la cultura española era la asunción de todas las realidades de la vida, incluyendo las más vulgares.
    Y así llegamos hasta el día de hoy. De la película de Torrente han dicho alguna vez que bebe de las tradiciones del humor más negro de Quevedo o Valle Inclán. Y efectivamente, en Quevedo podemos ver en sus poemas ese tipo de escenas, pero también otras más refinadas donde la película de Torrente ni siquiera se asoma. Y de Valle Inclán lo mismo.
    Antiguamente la piel blanca en las mujeres era un sello de distinción (las señoritas de la aristocracia se proteguían con parasoles cuando paseaban), mientras que hoy lo que prima es la piel morena (antiguamente la piel morena la tenían los campesinos por trabajar en el campo de sol a sol). Esto quizás sea un rasgo de esnobismo o quizás no, puesto que hoy en día las ciudades están llenas de gente con la piel pálida que sobrevive con las luces de la oficina y el que está moreno ha estado al aire libre, parece que disfruta de otro estatus. En fin, a mí este tema me parece muy interesante y de plena actualidad.
    De todas formas no soy historiador de la cultura, y algunas de estas reflexiones no son más que a vuelapluma.
    Mariela lo que hace estar en paro. A ver si me pones algún comentario en el blog.


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